Espiritualidad

En camino con María

“El Papa Juan Pablo II, en su encíclica Redemptoris Mater habla de la auténtica espiritualidad mariana y exhorta a una devoción que se transforme en vida. ¿Cómo podemos vivir esta espiritualidad mariana?”
En el siguiente texto, la fundadora de los Focolares responde a esta pregunta

Por: Chiara Lubich*
030   Misioneros Digitales Católicos MDC

Todos los cristianos pueden vivir una espiritualidad mariana pero, para poner un ejemplo concreto, querría decir, si me lo permite, cómo la vivimos nosotros en el Movimiento de los Focolares que es un Movimiento típicamente mariano.
Nos parece comprender que todos los adherentes a nuestro Movimiento recorren su camino espiritual recalcando precisamente las etapas de la “Via Mariae”, es decir, las etapas de la vida de la Virgen.
Por ejemplo, cuando se les anuncia este carisma, que vino a la Iglesia para el bien de muchos, se advierte que hay una cierta semejanza con la Anunciación. A la Virgen se le anuncia que será Madre de Jesús y Jesús empieza a nacer dentro de Ella. Cuando aquellos que después serán los miembros de nuestro Movimiento, reciben el anuncio de este carisma, nos damos cuenta de que, aunque Jesús estaba dentro de sus corazones también antes, por la gracia, quizás estaba un poco como la mariposa en una crisálida, mientras que después, viviendo esta espiritualidad mariana, es como si de la crisálida saliera la mariposa. Es decir que Jesús empieza a crecer.
Cuando fui una vez a Asís, precisamente allí, en la iglesia de San Damián, escuché decir al guía, quien contaba la historia de santa Clara: “Aquí Cristo se encarnó en el corazón de Clara”, afirmando que, por el ideal de san Francisco, era como si Cristo se hubiese encarnado en su corazón, espiritualmente hablando. Lo mismo sucede en todos los que adhieren a nuestro Movimiento. Se da este nuevo nacimiento de Jesús dentro de ellos.
El segundo momento de la Virgen que nosotros conocemos a través del Evangelio es el de su visita a santa Isabel. Ella va y le cuenta su extraordinaria experiencia. Jesús ya le ha hecho ver un poco el significado de la historia y qué representará Jesús para los siglos. Así sucede también a los de nuestro Movimiento. Una vez que Jesús crece dentro de ellos, una luz se extiende en su interior, por la cual adquiere significado cada cosa de su vida. Y entonces narran su experiencia, el encuentro con este carisma, con este don de Dios que proyecta luz sobre el pasado y sobre el futuro.
La tercera etapa de la “Via Mariae” es cuando ella da a luz a Jesús. Nuestra espiritualidad, que es comunitaria, además de individual, nos lleva a hacerlo presente espiritualmente a Jesús en medio de nosotros, como él dijo: “Donde dos o más están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (ver Evangelio de Mateo, 18, 20). Pues bien, cuando las personas, amando y amándose recíprocamente, logran establecer la presencia espiritual de Cristo en medio de ellos, es casi como un nacimiento de Jesús, es un poco como repetir esa tercera etapa de la vida de María.
Después viene la presentación de Jesús en el templo. Allí sucede que el anciano Simeón anuncia a la Virgen la cruz, prácticamente. Lo mismo sucede en nuestra espiritualidad, en este itinerario, en un determinado momento comprendemos que la cruz es esencial para nuestra vida espiritual. Y así podríamos seguir viendo, una tras otra, todas las etapas de la vida de María hasta su desolación al pie de la cruz y hasta su presencia en el cenáculo después de la resurrección de Jesús. Es un ejemplo de cómo María no es sólo objeto de devoción, sino que hay que imitarla.

*De una entrevista en la Radio Vaticana, realizada el 4 de junio de 1987 por el periodista Manoel Tavares.