Claves para la convivencia / 13

Dilatar nuestra vida

“Cuando lo que nos pasa en frente es nada menos que otro mundo, nuestra vida de alguna manera se dilata y se transforma”, anotaba en un cuaderno el filósofo español Julián Marías durante su viaje a la India en el verano de 1959. También escribía: “El hombre que se asoma a ese mundo enorme, variado,

Por: Jesús Morán
019  pixabay

“Cuando lo que nos pasa en frente es nada menos que otro mundo, nuestra vida de alguna manera se dilata y se transforma”, anotaba en un cuaderno el filósofo español Julián Marías durante su viaje a la India en el verano de 1959. También escribía: “El hombre que se asoma a ese mundo enorme, variado, conmovedor, atroz y tierno que se llama India, se detiene un momento, sacudido, con respeto y amor, ante esa realidad, ante la puerta abierta”.
En estos días, volví a ver a algunas amigas y amigos indios que había encontrado en un viaje a su país en la primavera de 2016. Se trata sobre todo de personas del mundo académico, algunas muy vinculadas a la herencia espiritual y social del Mahatma Gandhi. En la breve conversación que mantuve con ellos sentí cuán verdaderas son las palabras de Julián Marías, es decir, que es cierto que mi vida no es la misma, después de ese viaje. No ser trata de un cambio en mis hábitos diarios. Me cuesta expresarlo en palabras. Como dice el filósofo español, estoy frente a una puerta que se abrió para siempre, a través de la cual la realidad me muestra un rostro antes desconocido y jamás cabalmente conocible. Sin desmerecer el impacto con el sinnúmero de bellezas artísticas o naturales que allá te rodean, todo es mediado por las relaciones personales, incluso los más enigmáticos, envueltos por un fondo de misterio. ¿Qué se esconde detrás de los ojos “que duelen negros, con una negritud que a veces se vierte y sugiere lágrimas” como dice Marías? Cuando estos ojos comienzan a describir los sentimientos y los pensamientos que reflejan, descubres una tradición cultural y religiosa milenaria que en su atronadora originalidad y diversidad te toca profundamente porque de alguna manera te pertenece. Solo que antes no lo sabías. Su búsqueda del bien, de la verdad y del amor acompañó la nuestra, en un juego de vasos comunicantes en el nivel cultural y espiritual que es más eficaz y fecundo de lo que se podría pensar. En este sentido, uno de los niveles más interesantes de esta real comunicación es el lenguaje. En efecto, muchos idiomas occidentales provienen de un cepa indoeuropea, cuyas raíces lingúisticas nos dan el sentido profundo de las palabras, es decir, la comprensión de la realidad que ellas expresan. Esto no significa que para dilatar nuestra vida, nuestra visión de la realidad (y por lo tanto, nosotros mismos), es indispensable el conocimiento directo de las varias culturas que enriquecen a la humanidad. Hay personas ricas en capacidad relacional aun sin ser ricos en relaciones personales. Todos conocimos “gigantes” en humanidad que nunca salieron de su pueblo. Todo depende del ojo con el que observamos; todo depende de la apertura de nuestra mirada. En efecto, Julián Marías habla de “respeto y amor por la realidad”. Ésta es como un océano: quien se baña en un rincón del mismo, se baña en todo el océano. Por esto, cuando el campesino se detiene a mirar el grano de trigo crece en la espiga o el flocecer de un manzano en primavera, dilata su vida como si hubiera viajado a tierras lejanas. Lo mismo vale para quien observa en una gran ciudad sus viejas calles y antiguos edificios, que vieron transitar millares de personas apuradas y cansadas, y muchos acontecimientos de la historia.
Porque es de realidad que estamos hablando, y toda la realidad ansía respeto y amor. He aquí, entonces, la clave: respeto y amor. Son estas actitudes que permiten obtener una constante dilatación de nuestra vida. La ventaja del contacto directo con culturas diferentes a la nuestra es que nos hacen más conscientes de la posibile apertura respetuosa y amorosa a la realidad, que nos constituye como personas, y que podemos practicar en cualquier lugar y en todo momento. Es el gran mérito, el gran valor de la diversidad: ante lo distinto, ante ese “otro mundo” que nos sorprende, nos damos cuenta de cuánto nuestra vida es limitada y de cuánto puede todavía dilatarse.