Turismo sustentable

La fraternidad no se toma vacaciones

El modo en que elijamos viajar y descansar también puede convertirse en una ocasión para crecer en el vínculo con las personas y las culturas que visitamos

Por: Marcela Villares
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“Bienvenidos a…”. El cartel de bienvenida lo encontramos en casi todas las ciudades, pueblos, provincias, países que visitamos. Entramos en un lugar que no es el nuestro habitual, y ese cartel nos indica que alguien allí nos espera y nos da la bienvenida. Este cartel que está al inicio tendría que ser el inicio del hacer turismo.
Quizás hablar de turismo, a primera vista o como primer pensamiento, nos parezca algo frívolo, superfluo, sólo para algunos. Sin embargo desde la filosofía, la sociología, la psicología e incluso desde la teología podríamos sustentar la importancia del descanso, del ocio, del viajar para las personas.
Participando en un Encuentro de Movilidad Humana del Consejo Episcopal Latinoamericano (Celam), un panelista pidió que levantaran la mano cuántos eran migrantes. La mitad de la sala lo hizo. Cuando fue mi turno, pregunté quién nunca en su vida había hecho turismo. Una sola persona levantó su mano. Esto nos demostró y nos demuestra que es una actividad mucho más difundida y vivida de lo que imaginamos.
En el documento vaticano sobre la Pastoral del Turismo Peregrinans in terra, del año 1969, se habla de “los auténticos valores que trae aparejado el fenómeno del turismo, bajo el punto de vista no sólo moral y espiritual sino también humano, ya que, entre otras cosas, es medio de unidad de la familia humana, además de transformación y elevación social; testimonio de solidaridad del hombre con el universo; restauración de la propia persona humana”.
Como toda actividad humana presenta aspectos positivos y negativos. Quisiéramos en este número presentar algunos de los primeros, sin dejar de lado que desde el sector y desde quienes estamos vinculados con la actividad de diversas maneras, ponemos nuestro compromiso y empeño para mitigar o abolir aquello que es negativo, como la explotación humana, ambiental, climática, etc. Otro de los riesgos que puede tener el turismo, o mejor dicho el turista, especialmente por el ritmo que se lleva, es ser invasores del lugar que visitamos. Como diría Jean Jacques Rousseau: “Hay mucha diferencia entre viajar para ver países y para ver pueblos”. Tendríamos que aprovechar este momento para vivir una verdadera cultura del encuentro, parafraseando al Papa Francisco.
El mundo del turismo constituye una realidad extensa y multiforme. Es un hecho social y económico de múltiples dimensiones. La actividad turística se ha convertido en una de las principales fuentes de ocupación laboral, tanto por el empleo directo o indirecto, como por las actividades complementarias que genera. No nos referimos solo a las formas tradicionales y más conocidas como agencias de viaje, hoteles, restaurantes, etc. En las últimas décadas han surgido múltiples proyectos que han generado fuentes de trabajo a numerosas comunidades en nuestros países y el exterior, como el Programa Pueblos Turísticos de la Provincia de Buenos Aires, que ayuda al desarrollo turístico de pueblos de menos de 1.000 habitantes , Posadas Turísticas de Paraguay o el Programa de Turismo Sustentable NOA. O como la comunidad Quebrada Ancha de Panamá, en el Lago Alajuela, que se organizó para buscar alternativas de subsistencia a través del turismo comunitario, apicultura y cultivo del café.
Desde hace años se habla, entre otros, de turismo sustentable y de turismo accesible, este último referido a accesibilidad para todas las personas, incluyendo a las que tienen algún tipo de discapacidad permanente o temporal. En ambos casos, se trata de turismo que promueve la implementación de diez principios universalmente aceptados (desde las Naciones Unidas) para asegurar el desarrollo sostenible en las áreas de derechos humanos y empresa, normas laborales, medio ambiente y lucha contra la corrupción en las actividades y en la estrategia de negocio de las empresas.
Hay múltiples acciones que surgen desde el ámbito del turismo para generar una sociedad más justa y solidaria.
En distintas oportunidades se ha señalado al turismo como camino o puente hacia la paz, la solidaridad, la hospitalidad, el diálogo, el desarrollo, como propulsor de lucha contra la pobreza, etc. Que estos meses de descanso, para muchos, nos ayuden a vivir algunos de los valores y realidades que este número nos ofrece para que también esta actividad humana sea una contribución para la fraternidad universal, la cual no se toma vacaciones.
*Secretaria de la Comisión Episcopal argentina de Migrantes e Itinerantes, responsable de la Pastoral de Turismo.


Las Posadas Turísticas en Paraguay

Las Posadas Turísticas son típicas viviendas acondicionadas para el alojamiento de turistas que ofrecen servicios básicos preservando las costumbres y tradiciones locales. Es un programa de la Secretaría Nacional de Turismo (Senatur) dirigido a poblaciones rurales y urbanas con alto valor turístico. Ofrecen al viajero la posibilidad de vivir la cultura de las comunidades a través de las costumbres y tradiciones (gastronómicas y artesanales) y los atractivos turísticos que ofrecen los destinos. Para ofrecer el servicio se requiere la disponibilidad de una o más habitaciones para destinarlas a la Posada Turística, además del compromiso de: alojar a turistas preservando las costumbres y tradiciones del país, acondicionar la vivienda (pintura, reparación de cañerías, techos, griferías, etc.), mantener precios establecidos (de 60.000 a 100.000 Gs. por persona, por noche con el desayuno incluído), ofrecer servicios de calidad, casas acogedoras con camas y baños limpios y desayuno consistente, proveer de la blanquería necesaria a cada huésped, mantenerse en el programa como mínimo por un año y emitir factura legal.
La Senatur apoya a los beneficiarios del programa con asistencia técnica, talleres de capacitación en servicio y atención al cliente, reservas telefónicas, recepción, limpieza de habitaciones y talleres de informadores turísticos. También se ocupa de la promoción de las Posadas Turísticas.
Hoy se encuentran habilitadas 235 Posadas Turísticas en 67destinos de 12 departamentos del país, que ofrecen 2.560 camas.


Turismo comunitario

Compartir la vida cotidiana de pobladores rurales es una de las atracciones del momento, y si a eso le sumamos que esos pobladores locales pertenecen a una comunidad indígena, la motivación aumenta notablemente. Si bien puede parecer muy simple, para unir estas realidades se deben afrontar grandes desafíos, sobre todo cuando el gran interrogante está en asegurar que cada acción que realizamos o negocio que emprendemos garantice un desarrollo sustentable.
El turismo comunitario como oferta turística da sus primeros pasos a nivel mundial en América Latina, y más precisamente en Ecuador, un país que hace unos 15 años logró incluso aprobar un marco normativo específico que ha implicado el reconocimiento de los derechos conexos.
Acompañar el desarrollo del turismo ofrecido de manos directas de las comunidades locales requiere presupuestar tiempo. El tiempo es el componente que no podemos descuidar en ninguna de las etapas del proceso de desarrollo del turismo comunitario.
Para quienes vivimos en ambientes urbanos el tiempo tiene otros parámetros. Entrar en el mundo rural, en espacios más alejados, donde la gestión de los territorios y sus recursos se realiza en forma comunitaria, nos exige un cambio de cabeza, adquirir una mirada y una forma de hacer nuevas. Si bien puede parecer todo más lento, en realidad el tiempo acaba siendo más efectivo, porque el mecanismo es tomar las decisiones juntos.
Nuestros países tienen grandes potencialidades, y la oferta turística en comunidades campesinas e indígenas va creciendo.
Hoy se hace cada vez más necesario el compromiso de los distintos sectores del turismo en favorecer el desarrollo comercial de estos nuevos destinos turísticos que compiten con destinos ya desarrollados que cuentan con grandes inversiones. Dejar un espacio a nuevas oportunidades no es negocio para algunos.
Debemos contribuir al desarrollo de una nueva oferta y también dedicar tiempo para que aquellas personas que han vivido de trabajar su tierra y realizar artesanías puedan abrirse a una actividad complementaria que les permite multiplicar sus ingresos, recuperar muchas de sus tareas cotidianas que habían dejado por falta de recursos económicos y, sobre todo, volver a tener la esperanza de no verse obligados a dejar su tierra.
Como viajeros debemos adquirir nuevos comportamientos y estar abiertos a revisar nuestras motivaciones y formas de viajar. Una de las herramientas más importantes que tienen las comunidades campesinas e indígenas para la práctica del turismo en comunidades, es el Código del Viajero, un reglamento a cumplir y respetar durante la estadía. Para el desarrollo de un turismo sustentable se hace cada vez más necesaria la formación de un turista consciente.

Agustín Cabezas
(Coordinador de
Turismo Sustentable NOA )