Un reto inaplazable

Empoderamiento juvenil

El poder, ¿te lo dan o lo tomas? Últimamente, muchos jóvenes reformulan esta pregunta en forma de respuesta:“Si no nos lo dan, nos lo tomamos”. Esto se puede percibir en toda la serie de movimientos, hasta hace poco impensables, que vienen de la parte joven de sociedad civil. A los jóvenes, hay que acompañarlos pero también hay que aprender de ellos

Por: Redacción de Ciutat Nova* (desde España)
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París, 1968. Los aires y las ideas de California llegan a París: “Prohibido prohibir”. La primera revolución de gente que no necesita luchar para cubrir sus necesidades materiales dejará una huella imborrable en nuestras sociedades occidentales y una determinada concepción de la libertad, que todavía forma parte de nuestro imaginario colectivo.
Parkland, 2018. Después de que un exalumno armado con un fusil dejara 17 muertos en un instituto educativo, un grupo de alumnos supervivientes inicia un movimiento que, en pocos días, reúne a casi un millón de personas en la “Marcha por nuestras vidas” de Washington. Todos sus líderes son adolescentes, y parece que si hay alguien que pueda poner algún obstáculo a la venta excesivamente liberalizada de armas en Estados Unidos, son ellos.
Una de las caras que se ha hecho conocida por su valentía y capacidad de empatizar, Emma González, dejaba clara la ambición del movimiento #Neveragain (nunca más): “Somos los chicos y chicas de quienes se hablará en los libros de texto”. Emma (18 años), Cameron Kasky (17 años) y David Hogg (17 años) son algunos de los líderes de un movimiento que lo tiene claro: “Los adultos han fracasado en el momento de parar los tiroteos en las escuelas; ahora nos toca a los jóvenes”.
Cuando estaban reunidos en la sede central del movimiento Neveragain, sus padres les preguntaron cómo podían ayudarlos y la respuesta fue elocuente: “¿Nos pueden pedir una pizza?”. Todavía no pueden votar, hacer una reserva en un hotel ni comprarse una cerveza, pero consiguieron que se les escuchara. Su arma, afirman, son las redes sociales, Twitter especialmente. En un momento en que las reivindicaciones no son tan genéricas como las del 68, sino muy concretas (control de armas, acoso sexual…) las redes sociales son un instrumento muy potente para dar respuesta inmediata a problemas puntuales -“una idea cada vez”- para canalizar las emociones en estado puro que están en la base de los movimientos de origen reactivo. Algo parecido sucedió en Paraguay con #UNAnoTeCalles y con el movimiento estudiantil de secundaria que, en 2015, obtuvieron la destitución del rector y de casi todos los decanos de la mayor universidad pública del país y la renuncia de la ministra de Educación.
Sin embargo, si bien la emoción es el detonante en un momento determinado y lo que da el impulso hasta llegar a su explosión, la cristalización de movimientos y reivindicaciones aparentemente puntuales -como pueden ser el #MeToo, contra el acoso sexual a las mujeres, o la primera huelga feminista del 8M, para poner ejemplos que todos recordamos- responde a malestares de fondo tales como la violencia machista, la discriminación de la mujer o las limitaciones de nuestra democracia.
A los jóvenes, especialmente a las niñas y a las chicas, no les faltan motivos de reivindicación, superando en mucho a los adultos. Son ellos los que tienen más dificultades para acceder a las esferas de decisión y sus condiciones son mucho más precarias que las de la mayoría de los adultos. Según los datos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), el desempleo juvenil es muy superior al de los adultos en todas las regiones del mundo. Tal como se explica en el Programa Mundial para el Desarrollo Sostenible y la Paz, de la ONU (Undp.org), “los jóvenes todavía se enfrentan a una serie grave de retos de desarrollo, y sus necesidades y aspiraciones son ignoradas de manera habitual. A menudo, son víctimas de múltiples y cruzadas formas de discriminación y se enfrentan a importantes barreras que limitan su plena participación en la vida pública, lo que produce impactos adversos sobre la economía, la política, la paz y el desarrollo, en general. La manera como se les apoye y se consiga la implicación de todos estos jóvenes determinará significativamente las perspectivas de desarrollo sostenible y de paz en los próximos años“.

Oportunidades
No obstante, si damos una mirada global y no nos dejamos llevar por el último noticiero, los whatsapps o los tuits, constataremos que nunca se había llegado a un nivel de bienestar como el actual. Tomemos dos ejemplos: en los últimos 25 años, la mortalidad infantil se ha reducido en un 50 % en el mundo; el 90 % de los niños y niñas de nuestro planeta va a la escuela. Es bueno recordarlo, no tanto para estar satisfechos como para seguir luchando.
A nivel global, en estos momentos, la humanidad dispone de una buena oportunidad para aprovechar la fuerza juvenil. Tenemos la mayor generación de jóvenes de la historia, y todos juntos hemos de encontrar el modo de aprovechar el potencial de estos 1.800 millones de personas. Hay, pues, una relación favorable entre la población potencialmente activa y la pasiva, que recibe el nombre de “bono demográfico”. Cuando una población pasa de tener muchas personas dependientes y relativamente pocas en edad laboral a tener muchas personas en edad laboral con menos personas dependientes, se puede producir un importante crecimiento económico y, de hecho, estos dividendos demográficos ya han contribuido a producir un crecimiento económico sin precedentes en diversos países del Asia oriental. Corea del Sur, por ejemplo, vio crecer su producto interno bruto “per cápita” alrededor del 2.200 % entre 1950 y 2008. Pero el bono demográfico no es automático. Estos 1.800 millones de jóvenes representan un potencial humano del que no somos del todo conscientes y, para hacerlo realidad, los países tienen que invertir en el empoderamiento, la educación y la ocupación de sus jóvenes. A pesar de eso, muchos de ellos están atrapados por la pobreza, con pocas oportunidades para aprender a ganarse una vida digna. Todos podemos ver el despilfarro masivo del capital humano en nuestro mundo, mientras 74 millones de jóvenes no pueden encontrar trabajo. Los jóvenes reclaman mejores opciones, rechazan el status quo, piden un futuro mejor y están dispuestos a asumir riesgos para hacerlo realidad. Basta ver el elevado número de jóvenes que últimamente corren riesgos en el Mediterráneo o en Centroamérica para tener opción a una vida mejor. Si a estos jóvenes se les permitiera desarrollar todo su potencial, muchos países podrían ver grandes beneficios económicos. Se estima que el continente africano podría sumar cerca de unos 500 mil millones de dólares anuales a su economía durante unos 30 años.
Hay pasos claros que pueden ayudar a los países a alcanzar un bono demográfico. En un acontecimiento en la sede de la ONU, el Fondo de población de las Naciones Unidas (Unfpa) se recomendaban tres acciones: la mejora de la educación y la facilidad para acceder a ella, hacer posible que las mujeres y las niñas puedan decidir cuándo y con quién casarse y cuántos hijos tener, y aumentar las oportunidades de ocupación para los jóvenes y su implicación en las decisiones que les afecten. Es necesario, se afirmaba, “darles puestos de trabajo decentes, peso político, músculo negociador e influencia real en nuestro mundo: crearán un mundo mejor”.
La situación en la vieja Europa no es la misma, pero si bien la mayor parte de la ciudadanía vive en condiciones diferentes, sí que hay sectores de población con retos similares, que, a menudo, no son atendidos. Y, precisamente, son esos los grupos donde hay más jóvenes. Pero, sobre todo, tenemos que ser conscientes de la energía que pueden aportar y ya aportan, cada vez más, amplios sectores de nuestras sociedades, como son los hijos de los inmigrantes o los mismos jóvenes que, a pesar de todos los obstáculos que les ponemos, todavía consiguen llegar a nuestros países. El encuentro entre este potencial y el que poseen nuestro jóvenes abre, sin duda, nuevas perspectivas de resolución de reivindicaciones desconocidas hasta ahora.
Con este panorama a la vista, la ONU incluye el empoderamiento juvenil en su programa YouthGPS 2016-2020, que quiere mejorar la respuesta de la organización a los retos a los que se enfrentan los jóvenes en todo el mundo. El programa se ha diseñado a partir de las preocupaciones que los propios jóvenes han expresado en foros mundiales, regionales y nacionales.

Empoderar
Mujeres empoderadas, jóvenes empoderados. En los últimos años, el concepto de empoderamiento estuvo muy presente en las políticas de juventud, discursos políticos o estrategias pedagógicas. Es un concepto tomado del inglés (empowerment) que nos habla, lógicamente, de poder pero que también evoca acción, decisión, impacto, responsabilidad, compromiso, liberación… tanto si pensamos en personas como en grupos.
Y ¿por qué ahora hemos dejado de lado el concepto de “desarrollo personal”? ¿Es únicamente una cuestión de modas, de cambio de palabras? No. El desarrollo se centra más en los individuos mientras que el empoderamiento se centra en el cambio social y se basa en el desarrollo de las capacidades personales.
El empoderamiento de la juventud se fomenta promoviendo sus derechos, la actividad juvenil y la toma de decisiones comunitarias. Desde un punto de vista educativo, es necesario que la persona vaya adquiriendo y desarrollando una serie de capacidades personales (conocimientos, aptitudes, habilidades) y que el medio le facilite ejercer efectivamente esas capacidades, ya que la verdadera participación implica la cesión real de poder por parte de quien lo detenta, a favor de aquel cuya participación se pide. Esta cesión de poder a los jóvenes y, en general, a los colectivos que padecen algún tipo de discriminación, ha de permitir la transformación social necesaria para avanzar hacia mayores grados de inclusión y de convivencia.
Una reciente investigación interuniversitaria sobre el empoderamiento juvenil en Cataluña (projectehebe.com) planteó las siguientes cuestiones: ¿Qué favorece el empoderamiento juvenil? ¿Cuáles son los espacios más relevantes, los momentos más influyentes? ¿Cuál es el papel de los adultos y el de las instituciones? Después de un trabajo exhaustivo, se pudieron identificar las condiciones que favorecen el empoderamiento de los jóvenes: vivir solos, tener trabajo, tener una relación sentimental y conocer una persona excepcional. También se estudiaron los ámbitos que facilitan el empoderamiento: la familia, la educación superior, las actividades de tiempo libre y los amigos. Como resultado, encontramos que, en general, los jóvenes empoderados suelen trabajar, estar independizados y tener estudios superiores.
Son pautas útiles para poder diseñar políticas y estrategias que incidan directamente en un proceso de empoderamiento juvenil, de modo que, realmente, los jóvenes sean claves para la transformación social. Dependerá de las políticas que se establezcan, de la capacidad de innovación social de ciudades y pueblos. Dependerá también del nivel de inteligencia colectiva que seamos capaces de crear entre todas y todos. Y, sobre todo, dependerá también de los jóvenes, de la confianza en sus propias capacidades, de su nivel de compromiso y de su tenacidad para vencer los obstáculos que no desaparezcan, y de su ilusión en un hoy que es esperanza para un mañana mejor.

*Ciutat Nova es la edición catalana de la revista del Movimiento de los Focolares. Es editada en Castell d’Aro en dos versiones: en catalán y en castellano.