¡Pongan en orden!

Me doy cuenta de que, a menudo, pedir a los niños que ordenen sus cosas se transforma en una suerte de “mantra”, una simple frase repetida tantas veces que yo misma me canso de oír mi propia voz. No obstante, es un paso necesario antes de llegar a medidas más drásticas. Tengo que agradecer a

Por: Luigia Coletta
015 Nuestros niños

Me doy cuenta de que, a menudo, pedir a los niños que ordenen sus cosas se transforma en una suerte de “mantra”, una simple frase repetida tantas veces que yo misma me canso de oír mi propia voz. No obstante, es un paso necesario antes de llegar a medidas más drásticas.
Tengo que agradecer a una de mis amigas más queridas, quien me sugirió una solución quizás no del todo ortodoxa pero sencilla e indolora, de esas que una se pregunta: pero ¿cómo no se me ocurrió antes?
Basta buscar una escoba, no para correr a los chicos, sino para juntar con ella hasta un rincón de la habitación todo lo que han desparramado en el piso, con la amenaza de tirar cuanto antes toda la pequeña montaña si en un tiempo razonable no está al menos relativamente ordenada.
Resultó incluso un buen método para deshacerse de todo lo que los pequeños mismos consideran ya apto para pasar a “mejor vida”: lo que queda en el piso.
Y, al final, ¡me siento un poco como Mary Poppins!