Diálogo entre personas de diferentes convicciones

Acerca de: Mantener ilusiones y esperanzas (I)

Hace exactamente un año, en marzo pasado, tuvimos nuestro doble programa: primero disfrutamos una selección de temas de Phil Collins, en coincidencia con su visita en vivo a Uruguay, y luego, como en cada marzo, procuramos ver y comentar una película de Woody Allen o de Clint Eastwood. Ya son un clásico. Esta vez, fue

Por: Grupo Gaspar
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Hace exactamente un año, en marzo pasado, tuvimos nuestro doble programa: primero disfrutamos una selección de temas de Phil Collins, en coincidencia con su visita en vivo a Uruguay, y luego, como en cada marzo, procuramos ver y comentar una película de Woody Allen o de Clint Eastwood. Ya son un clásico. Esta vez, fue la última obra del primero, La rueda de la maravilla. Y entonces rescatamos el comentario de Lidia:
Sobre el telón de fondo de un modesto parque de diversiones, se teje esta historia contada por un narrador-protagonista que se mueve en el mundo de la dramaturgia y es a la vez actor y creador de la trama, cuyos hilos, con suficiencia, cree poder manejar, hasta que la realidad le demostrará lo contrario. Él y Ginny, mujer cercana a los cuarenta años (su aventura de verano), están vinculados al teatro. En su juventud, Ginny fue actriz, y hasta el final se aferra a ese recuerdo como única salida al hastío y a la frustración de su existencia.
Desde la ventana de la humilde casa en que vive junto a su hijo, su marido Humpty y, más tarde, a la joven hija de éste, en el parque de atracciones de Coney Island, se divisa “la rueda de las maravillas” que, como todo lo que ofrece el parque, representa la posibilidad de elevarse por encima del disgusto, de la mediocridad y de la rutina, evadirse de una realidad gris y por un instante dejar de ser un perdedor para ser un ganador.
Ginny se desempeña como mesera en un restaurante del lugar, pero su pasado la hace sentirse por encima de su situación vital. Aspira a recuperar el glamour de su antigua profesión, pero sus errores la han conducido al fracaso: un matrimonio sin amor con un hombre de horizontes limitados (sus únicas emociones parecen provenir de su afición por la pesca), un hijo que vive fuera de toda norma y siente placer en provocar incendios y una joven hijastra que acabará por convertirse en su rival, llevándola a tomar una decisión que significará un declive moral.
Ginny parece esforzarse en convertir esa precaria vivienda en un hogar, un lugar medianamente ordenado y acogedor, para escapar de la sensación de caos que la acosa y se manifiesta en sus persistentes jaquecas.
Hasta aquí el escenario…

(continuará)

 

grupogaspar@gmail.com

*Valoración: Cinedebate (3,71)

(Cinedebate del 17/03/18)
Próxima columna: “Mantener ilusiones y esperanzas (II)”.