Los influencers y nosotros

La plataforma más interesada por el fenómeno de los influencers es sin dudas Instagram. Nacida en 2010, hoy es la red social con la tendencia de crecimiento más elevado, y si bien no es todavía la más utilizada a nivel mundial (1 billón de usuarios versus los 2,2 billones de Facebook), es indudablemente la que

Por: Luigi Muraca (17 años)*

La plataforma más interesada por el fenómeno de los influencers es sin dudas Instagram. Nacida en 2010, hoy es la red social con la tendencia de crecimiento más elevado, y si bien no es todavía la más utilizada a nivel mundial (1 billón de usuarios versus los 2,2 billones de Facebook), es indudablemente la que cuenta con el promedio de edad más bajo y, por ende, es donde los jóvenes pasan más tiempo online.
Según los analistas del fenómeno para definirse influencer, una persona debe tener al menos 10 mil seguidores, y un buen porcentaje de ellos tiene que interactuar frecuentemente con el perfil, o sea, comentar los post, mirar las historias, poner likes.
A este nivel, si el influencer administra bien su perfil y produce contenidos que impacten en sus fans lo necesario para cautivar su atención un poco más antes de bajar en la pantalla, comienzan las ganancias. De hecho, no tardarán en presentarse las empresas, dispuestas a pagar a cambio de post en los que aparecen sus productos (prendas, accesorios o lo que sea). Si, por ejemplo, una fábrica de anteojos de sol necesita publicidad en Instagram, contacta a un influencer quien, con una simple selfie el la que viste su último modelo puede ganar cientos o incluso miles de dólares. Por supuesto, a más followers, mayores ganancias. La italiana Chiara Ferragni, por ejemplo, gana en promedio 12.000 euro por post. ¿Les parece mucho? Bueno, tienen que pensar en la ganancia que trae a la empresa. En 2016, en efecto, cerca del 40 % de quienes compraron un producto lo hicieron después de haber visto un influencer usándolo en las redes. Esto significa que es conveniente para las empresas invertir en las “web star”. Pero podría surgir la pregunta: ¿cómo sabemos cuando un influencer al que seguimos, de quien confiamos, está haciendo publicidad y cuándo no? En varios países, as autoridades controlan la actividad económica en la web mediante entes especialmente dedicados a ello, que defienden a los consumidores y requieren que los influencer usen el hashtag #adv (por “advertisment”, o sea, publicidad) o para post de esa índole.
Es necesario, de todos modos, que cada uno mire de manera crítica los posteos, para evitar ser sujetos pasivos de esta nueva forma de publicidad oculta.

*Publicado en la revista Teens de Italia.