Vocación y comunicación

Una joven empresaria 3.0

Núria Castelló mide la evolución de las redes sociales por “eras” y, enterrada la de Facebook, vive de lleno en la de Instagram. En su opinión, las redes pueden ayudar a reconectarnos y a volver a una relación entre comprador y vendedor más cercana y personal

Por: Josep Bofill (desde España)
entrevista

-Comenzaste tu empresa hace tan sólo tres años…
Si bien no me lo imaginaba tan rápido, siempre había soñado tener mi propia empresa, y que me permitiera vivir como yo quería. Un consultor me prestó un despacho y me ayudaba a encontrar clientes. Además, entré en un programa público para pequeños empresarios. Hacía un poco de todo, siempre dentro del mundo del marketing y la comunicación y a un precio muy económico. La mayoría de los clientes eran pequeños emprendedores, personas que tenían pequeños negocios locales y querían entrar en las redes sociales. Era el 2015 y todo el mundo tenía que estar en las redes. Venimos de una visión del emprendimiento que nos hace esclavos, sobre todo de las horas de trabajo, pero nosotros (trabajo con mi pareja) no queremos ser esclavos de nuestro propio proyecto. Queremos tener una empresa que nos permita vivir haciendo lo que nos gusta.

-¿Y cómo se hace eso?
Hay un momento en el que tienes que elegir con quién quieres trabajar, con quién conectas bien y con quién no. Entonces es muy importante aprender a decir “no, este cliente no me conviene”. Existe el peligro de querer asumirlo todo, pero internet nos ayuda porque nos da la posibilidad de hacer negocios mucho más flexibles, de trabajar con personas de toda España e incluso de América Latina.

-¿Cómo eliges los proyectos que realmente “te convienen”?
Creo que mi sensibilidad me permite entender desde una perspectiva profunda los proyectos de los emprendedores con los que trabajo. No me cuesta nada conectar con ellos, la empatía se hace presente desde el primer contacto. “Me enamoro” de mis clientes. Por otra parte, esta sensibilidad me da una intuición muy fuerte, a la que no siempre resulta sencillo seguir. La intuición te puede decir que aquel cliente, aquel proyecto, no te conviene, pero te ofrecen 800 € al mes. ¿Y qué haces? ¿Le dices a la intuición que se calle? Esto cuesta de entender porque quieres que tu empresa crezca y necesitas entradas… Pero es mejor tener menos ingresos y conseguirlos desde una perspectiva más saludable. Tiene mucho más sentido que “ser el más rico del cementerio”.

-¿Qué otro aprendizaje destacarías en estos tres años tan intensos?
Cuando emprendes aprendes muchísimo a vivir. Con este trabajo he aprendido a escucharme más a fondo, a escuchar lo que sí, lo que no… He aprendido que hay que dejar espacio a lo que de verdad quieres hacer. Supongo que este planteamiento más vital también te da un equilibrio personal. El aprendizaje que haces viviendo también duele, y mucho, porque hay cosas que solo se pueden aprender a golpes. Es duro, pero es el camino para crecer y acercarte a la vida que deseas.

-Las redes pueden llegar a ser muy cercanas, pero al mismo tiempo muy efímeras. ¿Cómo se puede consolidar una relación a través de mensajes cortos y vídeos de 30 segundos que desaparecen en 24 horas?
Ahora vivimos en la era Instagram. Facebook era -fíjate que ya lo digo en pasado- un escaparate, un catálogo donde mostrabas todos tus productos o servicios. Era el modelo clásico, pero digitalizado y a través de internet. En la era Instagram no se trata tanto de mostrar lo que tú tienes, sino de interactuar con tu comunidad y también con las marcas de los demás. ¿Quieres que las personas interactúen contigo? Pues, hazlo también tú con ellas. No podemos esperar que la gente venga hacia nosotros si nosotros no nos abrimos a los demás. Como en cualquier otra aspecto de la vida. Debemos tomar la iniciativa y mostrarnos, crear una comunidad con la cual poder hablar, abrir debate y contribuir a los debates de otros. En definitiva, trasladar las relaciones de siempre, el networking, a las redes. Y para que tenga repercusión en los resultados económicos de la empresa se necesita, como en todo, una estrategia.

-Sin embargo, algunos no quieren usar las redes para su negocio, porque en las redes “no se vende”.
Pues mira, en Instagram se están produciendo ventas y cerrando contratos entre personas que se conocen a través de esta red. La relación se materializa en negocio.

-Es curioso. Antes se mostraba toda la oferta y no se vendía y, en cambio, ahora que “solo” se cuentan historias sí que se vende. Un cambio de paradigma.
¡Exacto! Todos necesitamos conectar con la persona a quien compramos un producto o un servicio. Si yo, por ejemplo, busco una consultora de comunicación y veo que esta persona comunica de una manera con la que yo conecto, puede que me inspire más confianza que aquella otra con una web muy bonita y unos servicios estandarizados, pero de la que no sé nada. Sí, la posibilidad de conocer a las personas a través de las redes sociales hace aparecer nuevos modelos de negocio.

-Parece que estamos volviendo a la proximidad de antes, del pueblo o del barrio donde todos conocíamos al almacenero…
A veces nos obsesionamos demasiado en mostrar siempre el contenido, pero, en cambio, está bien mostrar una parte de tu día a día sin caer en “que bonita es mi nueva taza de café”. El hecho de mostrarte en tu cotidianidad tiene un punto que te convierte en más humana. Si tú ofreces mucho contenido con valor, tus fotos siempre son espectaculares y sales retocada… ¿para qué te voy a llamar si no eres real? He trabajado con una chica muy instagrammer. En las historias siempre sale ella y me hizo mucha gracia un día cuando dibujó una flecha señalando su cara con este texto: “esta papada no me representa”. Da igual que tengas papada o que no salgas guapa. Lo que quiero es verte y hablar contigo.

-Parece que identificas muy bien la esencia de cada proyecto.
Es una de las partes que más me gustan de este trabajo y lo empecé a hacer de forma inconsciente. Recuerdo un proceso de consultoría con una emprendedora de una peluquería pensada especialmente para mujeres que habían pasado por la quimioterapia. Juntas decidimos redactar un artículo para el día contra el cáncer de mama. Lo preparé y al día siguiente me dijo, emocionada, que había escrito el mejor post del blog de su empresa: “Has puesto en bonito lo que yo siempre hubiera querido comunicar”. Esto llena mucho y es lo que da sentido a nuestro trabajo de acompañamiento.

-¿Dónde te ves dentro de cinco años?
Hay una parte que todavía no he desarrollado: renunciar a gastos que no te reportan. Quizá no hay que tener un despacho, o no es imprescindible vivir en una gran ciudad. Pues no es lo que nos imaginamos si pensamos en agencias de comunicación. Empecé con una idea de empresa muy diferente. Muchos trabajadores, muchos ingresos… Mucho de todo. Me he dado cuenta de que no es necesario, que siendo más auténticos y con menos también podemos llegar a nuestro objetivo. Y no se trata de una renuncia. Puede parecer que cuando te quieres marchar de Barcelona y reducir gastos estás renunciando a tus sueños. Pues no. Podemos hacer videoconferencias y trabajar desde cualquier parte del mundo. No hace falta renunciar a nada.

-¿Seguro que es exactamente igual?
Hay que hacerlo bien. Trabajar a distancia con los clientes, y aún más en temas de comunicación, es una dinámica diferente que empieza por controlar bien el tiempo. Puede parecer que es mejor estar juntos tomando un café, pero la videoconferencia puede tener una dinámica más productiva. Si queremos tomar un café, lo hacemos, pero si se trata de una reunión de trabajo, centrémonos en ello y avancemos. No creo que el trabajo a distancia pueda sustituir el trabajo presencial al 100 %, pero no olvidemos que en muchas reuniones se pierde el tiempo de una manera espectacular.