Una clave de la sociedad actual / 1

Pluralismo: del fenómeno a la actitud

Un signo importante del cambio de época que transitamos es la conciencia del pluralismo de nuestras sociedades. El siguiente artículo indica algunas claves de este fenómeno para ahondar, en la próxima entrega, en el cómo asumirlo en la vida cotidiana

Por: Lucas Cerviño (desde España)
Monika Skolimowska.picture-alliance.dpa.AP Images

En ciudades cosmopolitas como Barcelona se percibe con fuerza un fruto de la mundialización: el fenómeno de la creciente e intensa diversidad en un mismo lugar. Diversidad cultural y religiosa, como también de variadas opciones de vida y maneras de ser. Una evidencia irrefutable es el metro: en un vagón se encuentran personas que provienen de al menos cuatro continentes.
Gracias a la tecnología, este vagón atraviesa la ciudad y al mismo tiempo es un nudo de interrelaciones con el planeta: la tímida turista asiática que cuelga una foto en una red social, el extrovertido árabe que se comunica con sus parientes, la joven latina que lee noticias regionales de su país, el trabajador subsahariano que intercambia mensajes con amigos en su tierra natal y el local que va escuchando a Serrat.
Este creciente fenómeno que caracteriza las sociedades del siglo XXI es lo que muchos autores definen como pluralismo: la coexistencia en un mismo lugar y espacio de personas con diferentes procedencias culturales, opciones religiosas, visiones del mundo y formas de vida.
Aunque en el pasado este fenómeno pudo darse en diversos lugares, por ejemplo en la Córdoba de al-Ándalus, la magnitud e interrelación de esta diversidad es inédita en la historia de la humanidad.
Para explorar esta cohabitación entre una variedad de modos de ver la realidad y opciones de vida en un espacio específico –no siempre con una convivencia pacífica y armónica como se quisiera– se han acuñado términos como pluralismo cultural, pluralismo moral, pluralismo religioso, pluralismo jurídico, pluralismo crítico… Todas ellas expresiones que se centran en un aspecto de la creciente multiplicidad heterogénea que emerge en un determinado espacio o zona.

Pluralismo radical
Para profundizar en la desafiante interpelación que significa la mundialización en acto, algunos estudiosos diferencian entre pluralidad y pluralismo. Distinguen entre el fenómeno de la pluralidad –la creciente variedad y multiplicidad que percibimos en el mundo– y la raíz del pluralismo –la diversidad de modos de concebir la realidad y vivir en ella–.
Por ejemplo, Raimon Panikkar, catalán universal que vivió en tres continentes, explica en su reconocida obra Pluralisme i interculturalitat que “el pluralismo va un paso más allá del reconocimiento de la diferencia (pluralidad) y de la variedad (pluriformidad); el pluralismo tiene que ver con la diversidad radical”.
Desde esta óptica, la evidente pluralidad del metro de Barcelona esconde algo que está en la raíz: no hay una realidad vista de modos diversos, sino muchas realidades que coexisten según las cosmovisiones culturales y religiosas que articulan la vida de las personas. Dicho en otras palabras, la realidad es pluralista.
Ese vagón manifiesta algo más que diferencias personales, de carácter o maneras de ser, o diferentes opciones de vida y una variedad de procedencias culturales con sus rasgos particulares.
Evidencia que, en un mismo lugar y codo a codo, hay personas que configuran –le dan una forma– y comprenden la realidad de modos muy diversos. Conciben la realidad de manera tan diversa que experimentan la vida, y viven en el mundo, desde modos casi irreconciliables al de su esporádico compañero de metro, pero que muchas veces puede ser su vecino o colega de trabajo o incluso un familiar.
Se toma conciencia de ese pluralismo radical cuando se asume que el otro es realmente diverso por su carácter y modo de ser, pero sobre todo por su cultura y opción religiosa, que articulan un modo de configurar y comprender la realidad. Cuando se reconoce que es imposible evitar la mutua interferencia con el de otra generación, modo de ser, cultura, religión e incluso civilización, el pluralismo llama a la puerta.
“El problema del pluralismo surge cuando sentimos –sufrimos– la incompatibilidad de visiones del mundo diferenciadas, y al mismo tiempo, se ven forzadas por la praxis a coexistir y velar por la mutua supervivencia”, afirma Panikkar.
Descubrir que sentimos, pensamos y actuamos de modos tan diversos, que no se pueden compaginar, exige tomar partido..


“No basta con soportar una pluralidad de facto (de hecho), epocal o circunstancial, sino que hay que acogerla como pluralidad de iure (de derecho), en tanto que característica constitutiva de la realidad misma. Tal sería el paso de la pluralidad “de hecho” al pluralismo como actitud. La aceptación cordial de que esta diversidad de religiones y cosmovisiones abre a nuevas perspectivas sobre la vida, sobre la comprensión del ser humano y sobre el Absoluto. Ello implica pasar del paradigma aislacionista y expansionista al de la reciprocidad”.
Javier Melloni
Antropólogo y teólogo