Giovanna Minardi

“Sólo el pueblo salva al pueblo”

Hace años, la joven psicóloga Giovanna Minardi decidió mudarse al Bañado Sur para compartir vida y luchas con sus habitantes. En esta entrevista, habla del fuerte sentido solidario de los bañadenses, de su arraigo y de sus procesos de desarrollo comunitario

Por: Diana Durán
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-¿Qué hacías antes de ir a vivir en el Bañado Sur?
Estaba terminando la carrera de Psicología Clínica, y como parte del curso de formación de las pasantías, conocí a un grupo de psicólogos y psiquiatras que trabajaba en los bañados, cuyo nombre era Clinitaria. A través de ellos, escuchando las experiencias que desarrollaban en los bañados, me interesó esa psicología fuera de las cuatro paredes del consultorio. Es decir, la psicología comunitaria.
Entonces, contactando con las y los compañeros, empecé a visitar los bañados. En aquel entonces los compañeros trabajaban con los puestos de salud de atención primaria, tanto en el Bañado Sur como en la Chacharita y en Tacumbú, y así empecé a recorrer los puestos en los diversos barrios y sectores de los bañados. Primero Cateura, luego Chacarita y Bañado Tacumbú, Hacía la misma experiencia que los demás junto a los agentes comunitarios de salud. Los acompañaba en sus recorridos. Donde ellos detectaban pacientes de salud mental, íbamos interviniendo desde las visitas domiciliarias sobre el problema específico que la persona tenía.

-¿Qué te impulsó a dejar tu casa e ir a vivir al Bañado Sur?
Yo nací y creí en Lambaré, y gracias a las pasantías en la Universidad entré por vez primera a la Chacarita. Después de unos cuantos años, ingresé de nuevo con el grupo que mencioné. Me impactaron mucho las carencias, las condiciones en las que vive la gente en los bañados. Me impactó mucho ver y sentir la desigualdad social, cosa de la que yo no era tan consciente antes, pues en mis condiciones y en mi familia no sufrí grandes carencias en mi vida. Nunca había visto de modo tan desnudo el grado de desigualdad. Vivimos en un país donde hay ricos extremos que viven en la abundancia y también pobres extremos que viven en la miseria total. Cuando más iba hacia el fondo, a orillas del río, experimentaba que cada vez eran más precarias las condiciones de la gente.
Me dolió, me impactó mucho, me generó muchas preguntas, en lo que fue mi proceso de toma de conciencia, de desarrollo de mi conciencia social y política. Decidí que quería aportar al cambio y que tenía que ser desde ese territorio, que estaba conociendo.
Antes había ido a comunidades campesinas e indígenas con mi mamá, por cuestiones de investigación, debido a un trabajo que ella estaba realizando. Pero el territorio en el que más me vinculé con la gente y en el que desarrollé trabajos, fue en el bañado. Decidí que mi compromiso social, la lucha hacia la transformación para una sociedad más justa sería allí, desde la lucha en los bañados, y por ello me mudé a vivir allí.

-¿Cuánto tiempo hace que estás allí y qué tipo de actividades realizas con la comunidad desde entonces?
Desde el 2011 empecé a visitar de modo regular los bañados y a mitad del 2013 me mudé al Bañado Sur. Vivir allí significa vivir las problemáticas que vive la comunidad. Una de las más fuertes se refiere a las inundaciones. Yo también sufrí las inundaciones, me mudé varias veces de casa. El compromiso con la comunidad se da desde las organizaciones sociales del barrio. Formo parte de una que se denomina RPB (Resistencia Popular Bañadense). Desde la misma coordinamos con otras organizaciones e instituciones y personas comprometidas con el territorio, mediante una articulación denominada “Coordinadora de Lucha por la Tierra del Bañado Sur”. Ese nombre se debe a que la lucha principal es luchar por quedarnos en nuestra comunidad, por permanecer en el bañado, porque hay proyectos inmobiliarios para la zona como, por ejemplo, la construcción de las avenidas costaneras que vienen arrasando con lo que fue la Chacarita o el Bañado Norte. Ahora también ocurre lo mismo con el Bañado Tacumbú y se habla de que se iniciará en nuestra zona, en breve.
Eso es expulsión, directa e indirecta, entonces nuestra lucha central es por permanecer en el territorio. Exigimos no inundarnos más porque no es justo, cada cuatro, cinco o diez años, tener que dejar nuestra casa por las inundaciones, por lo que exigimos la construcción de la defensa costera y todo lo que tiene que ver con el mejoramiento de nuestro barrio. La gente tiene derecho a contar con todas las condiciones para una vida digna, desarrolladas en el barrio: servicios de agua, luz, caminos, plazas, espacios para la juventud, etc.
Por ello tenemos diversas actividades desde los mencionados espacios, tales como: programa de radio, reuniones barriales informativas, actividades artísticas, trabajos comunitarios como las mingas de limpieza, arreglo de calles, contribución en reparación de puentes, recolección de basura. Realizamos todo tipo de servicio comunitario. También reuniones con otros sectores, para articular acciones con los otros bañados.

-¿Por qué, ante las repetidas inundaciones, los pobladores de los bañados no aceptan mudarse a otras partes de la ciudad? ¿No sería más conveniente que nadie viva en tierras inundables y que los bañadenses acepten otras soluciones, naturalmente concertadas con ellos?
Sabemos que hay una solución definitiva a las inundaciones. En grupos fuimos a ver las defensas costeras de la ciudad de Resistencia y las de Alberdi. Después de la gran inundación de 1983, que golpeó a todas las áreas costeras del país, se construyeron defensas costeras en Pilar, en Concepción, en Alberdi, menos en los bañados. ¿Por qué? Nuestro territorio bañadense no está industrializado y no hay nada que le interese a los poderosos para proteger sus negocios como en Pilar, por ejemplo, que es una zona industrial y con mucho movimiento económico. Este año se aprobó una millonaria suma para mejorar esa defensa costera. Aquí en los bañados no hay industrias y el negocio para los poderosos es la tierra. Quieren lucrar con la tierra y con el desalojo de los bañadenses. Nuestras tierras son potencialmente de las más caras de Asunción. Así pasó con el Barrio Chino, que es una de las zonas más caras de la capital. Se desalojaron a sus habitantes por la vía del engaño, pagándoles una miseria. Sabemos que nuestra tierra es rica, que la desarrollamos y podríamos mejorarla.
Como alternativa, el gobierno ofrece indemnizaciones y viviendas. Pero todas las indemnizaciones y las viviendas ofrecidas hasta ahora han sido engañosas, han sido fracasos.
En el caso de la vivienda, primero se construyó el barrio Jardín de la Bahía, en la continuación de la avenida General Santos, y luego el barrio San Francisco. Pero son lugares donde se hacinó gente y donde, después de más de cinco años, los habitantes todavía no tienen títulos de propiedad. Además, son viviendas que no se ajustan a la realidad económica y al estilo de vida. En el barrio San Francisco, se trata sobre todo de edificios, y las pocas casas son divididas entre dos familias. Además, se les prohíbe tener animales y hacer reciclaje, que son los medios de vida principales para muchos bañadenses. Se les prometió sustituir sus medios de vida e instalar una fábrica, pero no se cumplió eso hasta el día de hoy. Fue todo un engaño. Aparte se benefició a una mínima parte de la población de los bañados y se le pagó una miseria: 8 a 10 millones de guaraníes. En el Bañado Norte se pagó más: 30 o incluso 50 millones, pero para comprar un terreno en Asunción, donde está todo el medio de vida de los bañadenses, se necesita más de 300 millones. Comprar afuera sería desarraigarte de nuevo, sin ninguna posibilidad de subsistencia.

-¿Cuáles son los valores de los pobladores de los bañados?
Los bañados se empiezan a poblar en años de la dictadura stronista. Sabemos que eso fue fruto de la mecanización de la agricultura latifundista con la consecuente expulsión forzosa de la población campesina hacia la ciudad para buscar sobrevivir.
En el bañado podemos ver aún rasgos de la cultura campesina. Por ejemplo, se utiliza la cría de animales como medio de subsistencia, el trabajo de la tierra, la pesca. Esa misma cultura del trabajo que se conserva la vemos también en las relaciones. Hay un ambiente de solidaridad entre las personas: si hay un enfermo se organiza una pollada, alguien falleció y se contribuye para los gastos que hay que afrontar, siendo conscientes de que el Estado casi siempre está ausente en lo relativo al desarrollo de la comunidad. Tal desarrollo ha estado ligado sobre todo a la organización vecinal.
Vemos esos rasgos de solidaridad y mucha más vida comunitaria que en la ciudad, donde se vive más encerrado, falta la cultura del compartir el tereré con los vecinos, o de la fiesta patronal.
Como son comunidades antiguas, hay redes de amistad y de solidaridad más desarrolladas y comprometidas. También los jóvenes se vinculan mucho. No hay encierro en las casas.

-¿Qué papel te tocó ante la pandemia para combatir los efectos de las cuarentenas?
Fue bastante duro, porque en el bañado somos trabajadores informales: vendedores ambulantes, del Mercado 4, yuyeros, despenseros, albañiles, empleadas domésticas. Muchos son trabajadores del Vertedero Municipal, instalado en nuestro sector.
Pero el Vertedero se cerró y se establecieron turnos rotativos por lo que la gente trabajaba sólo tres veces por semana. Los albañiles, lo plomeros y los electricistas tuvieron menos trabajo. Los vendedores ambulantes eran perseguidos… La economía se vio muy afectada. Por ello, vimos la necesidad de montar ollas populares en los diferentes barrios para paliar de algún modo la situación. Conformamos 22 ollas populares y trabajábamos con grupos de vecinos y vecinas para cocinar y repartir a 100 e incluso a 180 personas. Así pudimos sobrellevar mejor la cuarentena.
En reuniones semanales íbamos evaluando la tarea y formando a la gente en cuestiones de higiene, causas de la situación, etc. Todo un funcionamiento complejo: pedir las donaciones, recogerlas, montar un almacén, distribuirlas, registrarlas, controlar que llegara a la gente. Una tarea grande que se logró trabajando en equipo, como estrategia de resistencia en la pandemia.

-¿Cuáles han sido las enseñanzas más significativas que les dejó este proceso vivido por la pandemia?
La pandemia recrudeció las condiciones en las que ya vive la gente históricamente en los bañados. Toda la precariedad en cuanto a infraestructura, oportunidades laborales, acceso a la salud, a la educación, etc., todas esas carencias se agudizaron con la crisis. Pero es una cara más del sistema injusto en el que vivimos. Desde la Guerra del 70, con la que se quiebra nuestro proceso independiente revolucionario con el Gobierno de Francia y los López, aparece la figura del campesino sin tierra y se profundizan las desigualdades de clase. En nuestro país el 2 % de la población acumula tierras, medios de comunicación, empresas y todos los recursos y oportunidades.
El sistema desigual que nos impusieron es el problema, no la pandemia en sí que, más allá de las muertes que provoca, lo que hace es desnudar aún más la realidad.
Una vez más, nuestro aprendizaje como comunidad es que solamente el pueblo salva al pueblo. En los momentos de crisis son las comunidades, los pobladores de los territorios los que se organizan para lograr cubrir las necesidades básicas de la comunidad. El trabajo organizado y unido nos saca adelante y nos ayuda a superar las dificultades y a desarrollarnos como territorio y como comunidades.
Es lo más importante: la unidad, la organización y la concientización, pues siempre se ha tratado de contribuir a formar conciencia, a politizar a la gente. Son estos los pilares más importantes para el trabajo barrial y para tender al desarrollo de la comunidad y, a largo plazo, del país.