Cuento infantil

La madriguera de la abuela liebre

Bea, la tortuga, y la familia del pájaro carpintero andaban por el prado en las afueras de Bosqueverde en busca de insectos y raíces para comer.

Por: Patrizia Bertoncello
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Fue Bea quien vio por primera vez a Zac, la pequeña liebre que llegaba corriendo. “¡Hola, Zac!”, saludaron sus amigos. “¡Hola! ¡Lo siento, estoy apurado!”. “Lo vemos”, sonrió Tito, su amigo pájaro carpintero, “¡ni siquiera te detienes! ¡Hacía un buen tiempito que no te veíamos en el prado!”. “La abuela está enferma”, respondió Zac, “y voy corriendo a buscar tréboles para que ella coma… ¡No tengo tiempo para jugar…!”. “¡Oh…! Saluda a la abuela, Zac”, dijo Bea. “¿Podemos ayudarte?”. “No sabría qué pedirles, amigos… Me gustaría encontrar una madriguera más cómoda y espaciosa para la abuela, pero realmente no sé dónde buscarla y ahora tengo que llevarle algo de comer. ¡Hasta pronto!”, respondió Zac y se escapó rápidamente.
“Mmm…”, dijo el pájaro carpintero, pensativo, “¡Tengo una idea! Pero precisaría que me ayudaran…”. “¡Por supuesto!”, respondieron a coro Bea y las ardillas Red y Puk, que acababan de bajar del tronco del viejo pino donde vivían. “Vi una pequeña cueva debajo de una enorme roca no muy lejos de aquí… Podría ir a ver si puede servir, pero se necesitarán musgo y paja para que sea más acogedora”. “Yo puedo recolectar musgo”, dijo Bea, “¡sé dónde encontrarlo! Y quiero ayudar a Zac: es mi amigo, ¡fue el primero en recibirme cuando me mudé a Bosqueverde!”. “Nosotros podemos cargar el musgo y conseguir algunas buenas bayas”, agregaron Red y Puk, saltando aquí y allá. “Zac también es nuestro amigo, ¡siempre nos dice dónde encontrar las avellanas!”. “¡Entonces volaré a la gran roca y volveré pronto para darte noticias!”, dijo el pájaro carpintero, y partió rápidamente.
En los días siguientes hubo mucho trabajo para los animales de Bosqueverde. Zac se encontró con las ardillas cargadas de bayas y musgo y vio a la familia de pájaros carpinteros de Tito de un lado a otro llevando pajitas en el pico. Vio a la familia de Sam y Tip, vecinos de Red y Puk, ocupados cargando raíces y ramitas… parecía que todos estaban ocupados con los trabajos más variados.
Una mañana, mientras saltaba cerca del arroyo, Zac vio a Bea con sus fuertes patas despegando el suave musgo de las piedras cerca de la orilla. “¡Hola Bea!”, le gritó desde lejos. “¡Nos vemos esta noche!”, respondió Bea, sonriendo. “¿Qué hay esta noche?”, se preguntó Zac, pero siguió saltando rápido porque tenía que alcanzar a su abuela.
Ya era el atardecer cuando Zac, cansado después de un día agotador, fue llamado por el gorjeo de los pájaros carpinteros. “¿Nos acompañas, por favor?, invitaron los pájaros, “¡es realmente urgente!”. Zac, que siempre estaba disponible para sus amigos, los siguió a grandes saltos. Tras pasar unos abetos, Zac llegó a un claro. ¡Lo que fue su sorpresa cuando vio a sus amigas ardillas reunidas allí junto a Bea y las familias de Tito y de Sam y Tip. “Mira: tenemos una madriguera para tu abuela”, dijo Bea, y le mostró la entrada apartando las ramas de un arbusto que la ocultaba de la vista. Zac se quedó mudo por la sorpresa, entró, y a los pocos minutos salió emocionado. ¡Sus amigos habían preparado un lugar acogedor para su abuela! “¡Gracias amigos!”; logró decir suavemente. “¡La abuela estará muy bien aquí! ¡Y cada detalle de esta madriguera será una muestra de su cariño y amistad!”.