Tabaré Vázquez (1940-2020)

Ya en el cierre de esta edición llegó la noticia de la muerte del expresidente de Uruguay, Tabaré Vázquez.

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Destacamos algunos aspectos ya mencionados de este brillante oncólogo nacido en el barrio montevideano de La Teja que fue también docente y dirigente de fútbol. Y ya que –dicen- los adversarios nos definen mejor que los amigos, consideramos los conceptos que expresó un hombre a las antípodas de las convicciones y de las posturas de Vázquez: el también expresidente, Luis Alberto Lacalle Herrera.
Pese a las diferencias, Lacalle y Vázquez mantuvieron siempre un gran respeto mutuo. En su última entrevista al programa radial En Perspectiva, el exmandatario blanco recordó al frenteamplista como una persona “con un gran dominio de sí mismo”, que “transmitía una sensación de paz, de estar a cargo”, pese a ser “un hombre pasional y enérgico”. Consideró que era “políticamente astuto”, inteligente, y que “sabía manejar las situaciones”, dotado siempre de “una sonrisa amable”. Enumeró también algunos aspectos del líder de izquierda que quedan casi como un legado: “Primero: no hay que ser vulgar ni ordinario para ser popular. Segundo: no hay que llevar las cosas al extremo. Tercero: hay que ser pragmáticos” para gobernar (se refirió en particular a la conducción de la fuerza política que llevó Vázquez al gobierno, que lo sostuvo y que él guio con moderación y equilibrio).
Lacalle enfatizó también otra característica: supo aprovechar las oportunidades que el país, la educación pública y la política uruguaya ofrecían en ese entonces a un muchacho de familia obrera, de barrio, que concurría al liceo de su vecindario. “Un self-made man a la uruguaya”, lo definió el politólogo Adolfo Garcé.
Entre los frenteamplistas, Danilo Astori, ministro de Economía en el primer gobierno Vázquez y vicepresidente en el segundo, ponderó la capacidad del exgobernante de siempre saber “articular las diferentes posturas, que eran la consecuencia de las naturales discrepancias que siempre origina una tarea compleja”. Por su parte, el expresidente José Mujica agradeció a Vázquez su “espíritu científico en la manera de analizar las cosas” y su “señorío de verdadero compromiso con la causa de los postergados”. Y Yamandú Orsi, intendente de Canelones, escribió: “Hay una frase que quiero asumir como propia”. Y citó al expresidente: “Si alguna vez sintiera que la política me aleja de la gente, me alejaría de la política”.
Vázquez parecía tomarse muy en serio una de sus máximas más conocidas, que repitió en varias oportunidades, aplicándola a personas y a grupos, pero, sobre todo, a las naciones: “No hay destino en soledad”. Una frase que el historiador Gerardo Caetano definió como “el emblema de su vida”, y que nos gustaría también tener muy presente en nuestras vidas, quizás hoy más que nunca.