El dar y recibir de un abrazo

Deseamos dar y recibir (sí, aun inconscientemente, deseamos dar) para satisfacer nuestras necesidades, ya sean éstas de tipo material, emocional, psicológico o espiritual. Pagamos con dinero, con atenciones, con halagos, con regalos o con nuestro tiempo porque queremos poseer algo, o a alguien, en la creencia de que al conseguirlo nos sentiremos felices. Y sin

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Deseamos dar y recibir (sí, aun inconscientemente, deseamos dar) para satisfacer nuestras necesidades, ya sean éstas de tipo material, emocional, psicológico o espiritual.
Pagamos con dinero, con atenciones, con halagos, con regalos o con nuestro tiempo porque queremos poseer algo, o a alguien, en la creencia de que al conseguirlo nos sentiremos felices. Y sin embargo, en muchas ocasiones, nuestras expectativas no se hacen realidad. Entonces, disminuye nuestro optimismo, pasamos por etapas de aburrimiento, frustración, duda, rabia, remordimientos, o impotencia, incluso.
¿Qué estamos haciendo mal? Nos sentimos buenas personas, ofrecemos lo mejor de nosotros mismos, lo mejor que tenemos, nuestras expectativas son amorosas; pero la vida parece no reconocerlo, el amor no nos llega de vuelta, no podemos disfrutar de nuestros sanos deseos, dudamos de nosotros mismos, buscamos fuera sustitutos al amor y a la felicidad y, poco a poco, nuestro amor no correspondido se acaba convirtiendo en autorechazo, aislamiento y depresión.
Consumir es una relación entre nosotros mismos y la satisfacción de nuestras necesidades personales. Es una elección, una actitud ante la vida, una proyección de nuestra imagen interior. Ningún deseo es bueno o malo en sí mismo. Todos deseamos y merecemos amar y ser amados, llenar nuestras vidas con personas y cosas que nos hagan sentir bien.
Es necesario que no dejemos nunca de pedir en positivo, desde el amor de nuestro interior y para nuestro propio bienestar. Y no importa cuánto pidamos, porque sólo puede dar el que tiene. Algunos de nuestros deseos se cumplen, otros no, pero nuestra autoestima debería estar por encima de esas idas y venidas. Es sano y es sabio desear la mejor vida para nosotros y para los demás. Deseemos amor porque cuanto más amor sintamos por nosotros mismos, más amor podremos compartir con los demás. A veces olvidamos que la verdadera felicidad no está en lo que nos dan sino en lo que damos, y no tanto en lo material. Porque en el dar se manifiesta la realización de nuestra identidad madura, la libertad de donarnos a los demás porque y por lo que somos, más que por lo que tenemos. Pero es indudable que el recibir también es fundamental para la felicidad. Recibir de las personas y saber reconocer lo que recibimos de la vida (y, para los creyentes, de Dios).
Una manifestación y una representación emblemática del dar y recibir entre las personas es el abrazo. Eso que durante muchos meses nos fue vedado, salvo con las pocas personas de nuestro círculo íntimo. Y lo sufrimos. Y cuando sentimos la falta de algo es cuando solemos darnos cuenta mejor de su importancia.
Es bueno ofrecer un abrazo, porque los abrazos son buenos, sanos y deseables, son gratis, fáciles de transportar, no necesitan recargarse y se pueden enviar a distancia si las circunstancias así lo exigen.
Son especialmente aconsejables en días fríos y lluviosos. Excepcionalmente efectivos en casos de tristeza, pérdidas, desconsuelo, pesadillas, o depresión.
Abraza a los demás, abrázate a ti mismo, abraza un peluche o una almohada. Nunca dejes para mañana si puedes abrazar a alguien hoy, porque los abrazos son la máxima representación del dar-recibir, ya que cuando das un abrazo, en ese mismo momento recibes otro a cambio.
Montse Bravo