La globalización espiritual

Hoy la globalización con sus leyes impone que, no obstante los embates de la segunda o de la tercera ola de la pandemia, la economía ya no se detenga, pese al riesgo de millones de vidas perdidas.

Por: Roberto Catalano
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Las migraciones se detuvieron sólo aparentemente. Basta pensar en los millones de indios que, ni bien su gobierno decretó la cuarentena, comenzaron a caminar para regresar a sus aldeas, distantes centenares de kilómetros de las megalópolis donde vivían.
Siempre hay quien está peor y, por otra parte, también quien está mejor.
En este panorama, incluso las religiones se tornaron más globales. Quizás la imagen del papado de Bergoglio que quedará para la historia sea la de Francisco caminando solo, una noche de marzo de hace poco más de un año, bajo la lluvia, en una plaza de San Pedro desierta. Fue un momento de oración para toda la humanidad y con toda la humanidad: nunca como estos meses, cardenales, obispos, rabinos, imanes, monjes budistas… salieron de sus iglesias, templos, sinagogas y monasterios desiertos e ingresaron a YouTube, Zoom, Facebook, Twitter, Instagram, medios para oraciones y reflexiones cada vez más globales. Webinarios internacionales contribuyeron al diálogo interreligioso. Rostros de líderes y fieles de distintos credos se encontraron “codo a codo” para meditar y orar según las respectivas religiones. La pandemia creó muros y tensiones pero también develó nuevas maneras para unirse. Es impresionante el número de grupos de distinta índole que nacieron espontáneamente en este tiempo, y que ahora llevan prestan su ayuda con creatividad y generosidad.
La globalización presentó al Covid-19 un mundo dividido, pero el Covid podría restituirnos una humanidad distinta. Como dice el Papa Francisco, de una crisis se sale mejores o peores. Depende también de cada uno de nosotros. Su encíclica Fratelli Tutti —que comenzamos a desglosar a en este número— nos puede ayudar a salir mejores.