Treinta años de Economía de Comunión

El 29 de mayo pasado, la Economía de Comunión (EdC) cumplió 30 años. Un arco temporal significativo para un proyecto social, un tiempo muy breve para una profecía.

Por: Luigino Bruni
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Acababa de graduarme en Economía, y no podía yo saber que ese nacimiento cambiaría mi vida. Chiara Lubich me llamó para trabajar junto a otros economistas y empresarios con el objetivo de dar “dignidad científica” a su EdC. No sé si lo hemos logrado, pero sin duda la vida de la EdC ha dado dignidad y sentido al trabajo de estudioso mío y al de muchos otros.
La EdC nació como un proyecto de redistribución de riqueza: los empresarios donaban una parte significativa de sus beneficios en favor de personas en dificultad y para difundir esa cultura nueva del compartir que se dio en llamar “cultura del dar”. Esta expresión fue propuesta por la socióloga Vera Araújo, y el nombre del proyecto —Economía de Comunión—, fue una sugerencia del sociólogo y exdiputado Tommaso Sorgi. Estos aportes dicen que la EdC nació como una sinfonía, con una compositora, Chiara Lubich, que para escribir su partitura necesitó la contribución creativa de mucha gente, empezando por los focolarinos brasileños. La EdC vivirá y seguirá siendo creativa y sinfónica. La donación de las utilidades por parte de los empresarios, al comienzo fue tan importante que la primera imagen de la Economía de Comunión fue “un tercio, un tercio, un tercio”. Pero enseguida se intuyó que detrás de esos tres tercios de las utilidades había mucho más. Chiara había intuido que la empresa era la institución-clave del capitalismo, de un capitalismo que había que transformar.
Los muros del socialismo real se habían derrumbado en esos días, en el mundo todo hablaba de la confianza en un futuro de progreso del capitalismo. Pero Chiara lanzó una iniciativa que pone en discusión su primer dogma: la apropiación privada de las utilidades. Se entendía que la EdC no era tanto una operación solidaria de distribución de riqueza. Pero en las profecías los signos se van revelando sólo con el tiempo. Los jóvenes, sobre todo (yo era uno de ellos), veían en ella otra economía, fraterna, inclusiva, justa. Y así creció. A lo largo de los años, empresarios y pobres conservaron su protagonismo, pero al mismo tiempo fue creciendo la dimensión cultural y teórica de la EdC. Fue objeto de tesis de doctorado, en muchas universidades se empezó a estudiar esa economía que sin negar el rol de los empresarios los llama a ser “desarrolladores de comunidad”, como dicen los miembros del Banco Kabajan en Filipinas.
¿Qué hemos festejado el 29 de mayo? Como en todas las fiestas de las comunidades, agradecimos a Chiara y a los pioneros, muchos de los cuales ya no están con nosotros. Luego, como en la Biblia, hemos recordado los “milagros” para mirar hacia adelante, hacia la tierra prometida. La EdC está todavía en su amanecer, porque en esta época de no sustentabilidad del capitalismo desde el punto de vista ambiental, pero también social y espiritual, la comunión en economía siempre se convierte en un ideal. Agradecimos, recordamos, y seguimos creyendo en la profecía de Chiara.