Periodismo y confrontación

Hace pocos meses, ante los representantes de los Focolares reunidos en la asamblea mundial de este movimiento eclesial, el Papa Francisco señaló la necesidad de aprender a confrontarse con el otro, lo que es diferente a optar por el conflicto en sí. Ciertamente no es una experiencia fácil y, en tiempos de nervios a flor de piel debido a la polarización político-ideológica, esto ha sido y es aún más difícil. Pero es una experiencia inevitable y necesaria si queremos avanzar en nuestras relaciones humanas.

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El primer paso es tener la valentía de afrontar este tipo de situación cuando sea inevitable y, sobre todo, cuando sea necesario. A menudo, como también dijo el Papa, es necesario guardar silencio y simplemente aceptar al otro como el hermano que es. En tales casos, puede ser inviable argumentar, si quien nos oye no quiere escuchar, incluso porque eso puede convertir la posibilidad de una confrontación saludable en un conflicto desastroso. De todos modos, una actitud cristiana, o fraterna, nada tiene que ver con despreciar al otro e ignorarlo porque piensa diferente. Al mismo tiempo, esto no significa omitir o relativizar lo que uno piensa o cree solo para no ponerse en una posición contraria al otro. Tampoco se debe admitir que una conversación adquiera el tono de una amenaza o de un chantaje. Quien quiere dialogar no amenaza ni chantajea a su interlocutor.
Entre muchas actividades humanas, el periodismo es una de las que –especialmente después del advenimiento de las redes sociales– hace uso del enfrentamiento. Con Ciudad nueva no es diferente. Vivimos con frecuencia situaciones de conflicto —pequeñas y grandes— dentro del propio staff y con nuestros lectores y clientes. No podemos decir que nos hayamos acostumbrado, ni que, de vez en cuando, no suframos por situaciones así.
Pero no negamos que la confrontación es parte del proceso de construcción de nuestra revista. Y nos esforzamos cada día por asumir esta experiencia. Esto significa, por ejemplo, escuchar/leer cosas que a uno no le gustaría escuchar/leer. También significa reconocer los errores o límites personales, que no son pocos ni infrecuentes.
Ahora bien, ciertamente todos los involucrados en el diálogo —o en una situación de confrontación— deben asumir un principio, además del respeto incondicional a los demás: el deseo de la verdad. Es muy común que queramos sustituir la verdad por nuestra verdad como principio a considerar por encima de todos los demás. La “necesidad” de tener siempre razón, en realidad, es un cáncer que nos consume. Por el contrario, la humildad y la apertura a la verdad nos hacen libres.
Es un aprendizaje continuo. Pero algunos buenos frutos de ese sacrificio nos ayudan a seguir adelante. Otras veces, lo admitimos, damos pasos atrás. Gracias a Dios, hasta ahora tuvimos la oportunidad de volver a empezar. Es un hecho que, muchas veces, esto tiene poco que ver con cambiar ciertas opiniones o ideas de algunos de mis interlocutores. Pero sí tiene que ver con el hecho de que las relaciones sobreviven y crecen y —por una gracia del Cielo o quién sabe por qué—, los logros se dan. Entonces, es a partir de la sana confrontación con su público que Ciudad nueva avanzará, y no con un falso sentido de la armonía sostenido en que productores y lectores de esta revista eviten enfrentarse cuando deberían hacerlo.
Por eso, te invitamos, lectora, te invitamos, lector, a seguir desafiándote a una sana confrontación con nosotros siempre que sea necesario. Estamos convencidos de que, de esta manera, lograremos un mejor periodismo y una mejor información, más auténticos y adecuados a la misión de nuestra revista.