Carisma y ciencias / 1

Una pérdida para uno, un beneficio mayor para todos

Comenzamos con este número la publicación de artículos escritos por integrantes de la Escuela Abbá (centro de estudios interdisciplinarios de los Focolares), a través de los cuales expertos de diversas disciplinas esbozarán aportes del carisma de la unidad a diferentes campos del saber. En este caso, escribe una neurofisióloga

Por: Ornella Valenti*
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El altruismo desprovisto de reciprocidad se puede observar en la naturaleza. Por ejemplo, se registran comportamientos en los que un individuo se sacrifica a sí mismo y sacrifica sus propios intereses en favor de otro, sin exigir compensaciones. La selección natural ha elegido entre otros comportamientos ganadores el de las abejas y de las avispas, que expulsan su aguijón ante un peligro. Esta acción provoca una laceración del abdomen del animal, que luego pierde sus vísceras y ¡muere! La abeja no se sacrifica por sí misma, sino por el beneficio de su comunidad.
El sacrificio de un individuo también se puede ver a nivel celular. El fenómeno que aquí se presenta es el de la apoptosis o muerte celular programada. La apoptosis, que se produce en organismos multicelulares, puede considerarse como un “suicidio” programado, porque es la propia célula la que lo desencadena y lo lleva a cabo. Desempeña un papel capital en la eliminación tanto de las células dañadas como de aquéllas en crecimiento, y también en la renovación y desarrollo de los tejidos. La apoptosis es, por ejemplo, responsable del desarrollo de las manos en los humanos o de la pérdida de la cola en el renacuajo cuando se transforma en rana. Además, interviene en el caso de células dañadas o disfuncionales las que mueren para dar cabida a nuevas células jóvenes. Por lo tanto, se trata de un proceso crucial para el correcto funcionamiento de un individuo y está estrictamente regulado. Si fuera demasiado importante, podría provocar enfermedades neurodegenerativas severas (Parkinson o Alzheimer), mientras que la apoptosis fallida puede provocar cáncer. Pero eso no es todo: descubrimientos recientes han demostrado que cuando mueren, estas células producen y liberan en su entorno elementos beneficiosos que influyen en la proliferación y supervivencia de células adyacentes y tejidos.
Todos estos fenómenos no son el resultado de una “voluntad independiente” y de decisiones conscientes. No son intencionales, no implican el reconocimiento de las necesidades de los demás ni la implementación de acciones voluntarias orientadas a su bien o a su interés. Estos fenómenos ocurren de forma espontánea en la naturaleza. Funcionan por ensayo y error. Cuando su resultado es positivo, quedan seleccionados entre varios otros procesos posibles y persisten con las generaciones siguientes. En el caso que nos ocupa, la pérdida de un individuo se compensa con el beneficio aportado a toda la comunidad. Se trata de un resultado objetivo, observable en el seno de grupos sociales como las abejas, las hormigas y los primates. Por tanto, podemos deducir que el “altruismo” de un individuo conduce al progreso de todo el grupo, que accede de este modo a una etapa superior.

* Profesora asociada del departamento de neurofisiología y neurofarmacología de la Universidad Médica de Viena. Texto extraído del blog wonderverse.home.blog