Fenómenos sociológicos

Ruptura generacional

La pandemia ha puesto de relieve una brecha entre generaciones abierta desde hace algunos años. Según un estudio sociológico español, este fenómeno social es una de las consecuencias más graves provocadas por las medidas para combatir el Covid

Por: Javier Rubio
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El Centro Español de Investigaciones Sociológicas (CIS) publicó recientemente sus conclusiones sobre la “distancia entre generaciones” después del período pandémico. Parece que tanto jóvenes como adultos percibimos que el aumento de esta distancia será una de las principales consecuencias que nos dejará el Covid, junto a la falta de oportunidades laborales y a los efectos psicológicos en la población.

Entrando en más detalle, en este momento los jóvenes responsabilizan a las generaciones anteriores de la falta de oportunidades de desarrollo personal y, por tanto, de la precariedad laboral. Por su parte, los adultos, especialmente después de las últimas oleadas de contagios, ven a los jóvenes como la causa de los mismos problemas. Nada nuevo, parece. La brecha entre jóvenes y adultos es una constante histórica, ya registrada en la literatura antigua, incluso en algunos restos arqueológicos, si admitimos como cierta la frase que tanto circula en Internet, supuestamente encontrada en una inscripción babilónica del 3000 a.C.: “Esta juventud está podrida desde el fondo del corazón. Los jóvenes son maliciosos y perezosos. Nunca serán como los jóvenes de antes. Éstos de hoy no podrán mantener nuestra cultura”.
La novedad de nuestro tiempo, sin embargo, es que la brecha corre el riesgo de convertirse en una ruptura. Así lo cree, por ejemplo, el catedrático de antropología social, Carles Feixa Pámpols de la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona: “La falta de equidad generacional”, dijo, “ha crecido hasta niveles alarmantes”. Las respuestas diametralmente opuestas a una pregunta de la encuesta del CIS sobre la actitud de los jóvenes durante la pandemia ponen a prueba la opinión del profesor: “¿Los jóvenes han actuado de forma más irresponsable que las personas de otras edades?”. La mayoría de los encuestados de entre 18 y 24 años dice que no, mientras que entre los adultos hasta los 45 ganan los sí, hay una variedad de opiniones en los adultos entre los 46 y los 65 años, mientras que los mayores de esa edad están todos convencidos de que los jóvenes han contribuido de manera decisiva a la propagación del virus. Detrás de estas diferentes percepciones sobre la responsabilidad de los jóvenes, sin embargo, hay que considerar otros factores, como el económico (precariedad laboral de los jóvenes) y el psicológico (necesidad de culpar a alguien) y también el mediático: “Hay una enorme manipulación de la información. En televisión siempre salimos peleando y culpándonos recíprocamente”, dijo un trabajador de la comunicación de 21 años. En cuanto al aspecto económico, basta pensar que el desempleo en España llega al 15,3 % de la población activa, pero entre los menores de 25 años llega al 38,4 %, porcentaje que desde 2008 nunca ha bajado del 30 %. Estas y otras consideraciones son las que estimulan la ardiente defensa de la juventud del profesor Feixa: “La brecha comenzó a fraguarse en la fase de mayor crecimiento económico neoliberal, entre 1992 y 2007, y estalló con la crisis de 2008. Lo único que ha hecho la pandemia es hacerla visible, con la particularidad de hacer culpables a las víctimas y no a los victimarios”. Por ejemplo, se culpa al supuesto joven irresponsable que se divierte, pero no a las autoridades políticas y sanitarias que deciden vacunar en último lugar a los jóvenes. Esto repercute en los hechos políticos (los jóvenes no tienen voz en la toma de decisiones), sociales (distribución desigual del gasto social) y culturales (sentimiento de abandono y estigma). “Yo lo llamo juvenicidio moral. Es ésta la amarga y dura conclusión del profesor Carles Feixa Pámpols.