Psicología

Perfeccionismo: entenderlo para superarlo

¿Tienes a menudo miedo de cometer errores? ¿Tienes dudas sobre la calidad de tu trabajo? ¿Es importante para ti cumplir con las expectativas de tus padres, jefes o figuras de referencia?

Por: Ángela Mammana
Pixabay

¿Te es difícil perdonarte a ti mismo por pequeñas “metidas de pata” o errores en el día a día? Cuando estudias para un examen ¿te sientas ante los libros hasta estar convencido de que has aprendido todo a la perfección? Al tener que tomar una decisión, ¿te asalta la duda de qué coche es mejor comprar, qué casa es la correcta o cuál es la universidad perfecta para ti? Si te llega una observación negativa en el trabajo ¿te resulta doloroso recibirla y aceptarla? ¿Consideras que cualquier cosa que no sirva a un buen propósito es automáticamente un fracaso? Si varias de estas preguntas resuenan dentro de ti y te generan incomodidad, es posible que el perfeccionismo sea tu compañero de vida.
Quien lucha contra este “amigo invisible” siempre busca resultados positivos. El mundo del perfeccionista se caracteriza por una fuerte autocrítica. Las fallas percibidas se miden en función de altos estándares en forma de reglas dicotómicas del tipo de “todo o nada”. El perfeccionista necesita un autocontrol extremo para lograr las metas establecidas, incluso a costa de limitar las actividades placenteras. Pone automáticamente el descanso y el tiempo de diversión en un segundo plano.
La situación puede salirse de control a medida que los estándares se vuelven irracionales. Se desencadena un fuerte miedo al fracaso, lo que crea inmovilidad. Esto puede suceder, por ejemplo, en el caso de bloqueos en los estudios universitarios: “Me presentaré al examen sólo cuando esté seguro de que sacaré un 10”, “Sólo escribiré mi libro cuando esté a la altura”, “Me pondré de novio cuando esté en buena forma “, etc.
El enfoque del perfeccionista está en evitar el error. Encuentra estrategias increíbles para minimizar el porcentaje de error y huye de situaciones en las que el riesgo de error es muy alto. A esto le puede seguir la procrastinación. La persona tiene dudas compulsivas sobre “lo que es correcto hacer” y si se equivoca, reflexiona “si hubiera tenido…” La vida del perfeccionista no es nada fácil. Además del enorme esfuerzo, persisten sentimientos de humillación y vergüenza.
Hay varios factores que influyen en el perfeccionismo y se remontan a la estructura de la personalidad, a la historia personal, a la educación recibida. Hoy incluso nuestra sociedad, caracterizada por el buen desempeño y la eficiencia, alberga un sentimiento de “inadecuación” e “insuficiencia”.
Además, el miedo al error también puede conceptualizarse como subordinado al miedo al daño y a la tendencia al control y, por lo tanto, a un estado de ansiedad. La persona ansiosa intenta anticipar una serie de posibles consecuencias negativas y percibe el peligro inherente a estas posibilidades negativas como irreparable. En cambio, la retroalimentación positiva que puede tener esta tendencia es disfrutar del resultado logrado, a través de metas alcanzables (y no imposibles).
El deseo de destacarse puede ser un recurso motivador para construir algo. La búsqueda de la excelencia se diferencia del perfeccionismo porque integra la posibilidad de aprender de los errores cometidos y, como tales, las fallas no se consideran necesariamente fallas, sino que forman parte del proceso de crecimiento.
¡Puedes liberarte del perfeccionismo! Esto a veces implica trabajo personal, y ¡el primer paso es aceptar que la perfección no existe! Implica abrazar la parte emocional de nosotros mismos que sufre ante el error, tener más autocompasión y creer en la posibilidad de reestructurar incluso algunos pensamientos. Al enfrentar nuestros límites, nos encontramos con nuestra humanidad más grande, imperfectamente perfecta. En este sentido, algunos de los signos de cura del perfeccionismo son aprender a relajarse, jugar y amar.