Ganas de levedad

En Seis propuestas para el próximo milenio, el escritor Italo Calvino propuso la levedad como valor para la literatura del nuevo milenio. Pero, ¿la levedad también puede ser un valor para nuestra vida?

Por: Michele Genisio
Oswaldo Ibanez - Usplash

Levedad significa quitar pesadez a tantas acciones y pensamientos diarios como sea posible. El emblema de la levedad es la danza. Paul Valéry escribió: “La vida es una mujer que danza”. Hoy estas parecen palabras fuera de lugar. Vivimos en un tiempo en que hablar de levedad suena inapropiado. ¡Y ni hablar de danzar, de bailar!
La pandemia provocó enfermedad y muerte, pero también desconcierto, porque alteró el tejido social al que estábamos acostumbrados. El miedo que muchos sienten paraliza, apesadumbra los músculos del cuerpo y del alma. Siempre ha sido así en la historia. Cuando estamos en problemas, no bailamos. Pero cuando todo pasa, el baile estalla.
Después del final de la Primera Guerra Mundial (que tuvo además el colofón de la epidemia de la gripe española), la gente fue tomada por una euforia tal que explotó en el Charleston, uno de los bailes más alegres que hay. En la historia hubo oleadas de guerras y epidemias, seguidas de oleadas de bailes. Son las ganas de levedad que vuelven a aflorar. Durante la peste del siglo XIV en Europa, uno de los temas iconográficos que se impuso fue el de la “danza de la muerte”. Se representaba a hombres y mujeres de todos los estratos sociales bailando con esqueletos.
El motivo de estas representaciones fue tanto el memento mori (“recuerda que un día vas a morir”), como la monición de que todos somos iguales ante la muerte. Pero hay estudiosos que le dan a esa danza una connotación irónica, como si se tratara de un intento de bromear de modo irreverente sobre la tragedia que estaba ocurriendo. De una manera −por cierto, un poco macabra− de aportar levedad.
Más cerca de nuestros días encontramos un ejemplo mucho más luminoso. Es el de Madeleine Delbrêl, una francesa que vivió ambas guerras mundiales y que gastó su vida como trabajadora social entre las clases más pobres. A pesar del sufrimiento que veía y compartía todos los días, ella daba un valor muy importante a la levedad. Quería hacer de su vida una danza, poner levedad en cada una de sus acciones.
Quería danzar “esta carrera que tenemos que correr, estas cuentas, el almuerzo que preparar, esta noche en vela en la que tendremos sueño… la danza del trabajo, la del calor y la del frío”. Entonces: ¿la levedad también puede ser un valor para nuestra vida? Por supuesto. Si hacemos como Madeleine.